Centro Catolico de Preparación - Fundacion Regina Coeli
EL CENTRO CATÓLICO DE PREPARACIÓN (CCP), es un movimiento apostólico que intenta ayudar a los católicos a prepararse para ser testigos del Evangelio de Jesucristo en el mundo.
Tiene como fundamentos la Fidelidad al magisterio de la Iglesia y la Unidad y Catolicidad, entendiendo como catolicidad la universalidad siendo conscientes que los bautizados hemos sido escogidos por Dios para “ser una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa”. 1ª Pe. 2,9
Los medios que le ofrece el CCP son variados pero pueden centrarse en 4 niveles fundamentales: Formación y conocimiento, Vida interior y Testimonio.
El patrono, modelo y protector del CCP es San Maximiliano María Kolbe
Encuentro con Dios y evangelización
Ante todo el Centro Católico de Preparación (CCP) nace con vocación evangelizadora. Estando plenamente convencidos que sólo a partir del encuentro personal con el amor de Dios que transforma la existencia podremos ofrecer un testimonio creíble, dando razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida (1 Pe. 3,15).
Por eso lo primero, en orden de importancia, es invitar a vivir este encuentro transformante con Dios y a partir de aquí favorecer ambientes y brindar ofertas que propicien la experiencia del encuentro con Dios, que ama al individuo, no sólo como una parte de la colectividad humana sino con esa exclusividad y predilección con la que sólo Dios puede amar.
En esa experiencia Dios deja de ser una realidad externa, para convertirse en Aquél que me invade y pasa a ser parte de mí y yo parte de Él, se crea esa simbiosis propia del amor puro y generoso del creador con la criatura.
Desde ese encuentro se fragua una fe adulta, no simplemente como una tradición o costumbre o como un hermoso ideal ético sino como una experiencia personal vivida desde lo íntimo del yo, que transforma la vida orientándola de un modo nuevo que llena, satisface y da profunda alegría.
Esa es la base, y sólo desde esa experiencia del encuentro se podrá ofrecer al mundo un testimonio creíble, sin proselitismos invasivos ni imposiciones fanáticas, pero con la contundencia irrefutable de la verdad que es Cristo.
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